jueves, 29 de septiembre de 2011

Encontré un buen hombre que remolcó el camión. Parecía un vaquero del lejano oeste.Me enamoré.Cuando llegamos a Buenos Aires tiró el sombrero y las texanas en un container y se puso el guardapolvo blanco, era odontólogo. Me dijo que el amor no tiene límites pero él sí, y entró a su consultorio atrás de una vieja que gemía con un hielo en el cachete. Me partió el corazón. Volví a mi depto a llorar y a cambiar la cerradura. Pinté y remodelé todo en un fin de semana. Me teñí, me hice un par de vestidos y me encontré con una amiga que me dijo que había gente que en lugar de comer respiraba. Esa noche salimos, fuimos a bailar, la gente se apretujaba hablando mal de Cristina y yo soñaba con mi cowboy (no sé cómo se escribe). Volví a casa triste , el domingo fue muy solitario, viendo cabales de cable vacíos , cine con pochoclos, libros sin sentido, sin atender el teléfono...Hasta que se me ocurrió ir como paciente a su consultorio.El lunes me le aparecí , reluciente, él estaba como un señor, no se le movió un pelo, me dijo que tenía la boca perfecta y cuando nos despedimos me dijo que ésta noche pasaba por casa. Así de fácil. Ya me pongo a ordenar, limpiar, cocinar, perfumar, y desconectar el teléfono.